Alfredo Sánchez Bella: un diplomático para Hispanoamérica

Antonio Cañellas Mas

Resumen


Después de la crisis de 1956 y antes de que se procediera al cambio de gobierno en febrero de 1957, el todavía Ministro de Asuntos Exteriores, Alberto Martín Artajo, designaría al Director del Instituto de Cultura Hispánica –Alfredo Sánchez Bella– para el puesto de embajador en la República Dominicana. Su experiencia en el ámbito hispanoamericano desde 1948 le valió para asumir la representación diplomática en un país con estrechos vínculos históricos con España, en un momento en que el sector de la democracia cristiana que colaboraba en los gobiernos presididos por el general Franco veía retroceder sus posiciones con la destitución de Joaquín Ruiz Giménez y Alberto Martín Artajo, principales valedores políticos del nuevo embajador. En cualquier caso, su buena relación con el encargado de la cartera de Exteriores en el Gabinete de 1957, Fernando Castiella, con quien también compartía militancia en la Asociación Católica de Propagandistas, compatible con su común pensamiento joseantoniano, le mereció a Sánchez Bella la confianza del Ministro.


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